Este 2009 ha sido un año de celebraciones para el pueblo cubano, comenzado con el 50 aniversario del triunfo de la revolución cubana, pero para el mundo del cine es particularmente importante el también 50 aniversario del ICAIC. El triunfo militar, trajo consigo una necesidad de reflexionar al ser humano y sus actividades, el cine por tanto no se sustentaba únicamente con su potencialidad como creador de belleza, sublimación, o evocador de historias disímbolas. Sin negar estas capacidades, podemos también referir a las artes, en general, y al cine, en particular; como vías de recepción de lo que percibimos como real. Pongamos un ejemplo pedestre pero eficaz: Nada importa si los alienígenas nunca nos han invadido, la impresión generalizada de que serían los Estados Unidos el blanco del atentado y el centro de la resistencia, forman parte de una creencia generalizada que legitiman perceptualmente el papel de EU como superpotencia global. Entendido en este sentido, no hay cine ingenuo.
Los planteamientos del cine cubano hacían un llamamiento a entender al cine como un hecho cultural y en dónde se dirimía una batalla perceptual, pero ¿qué pasa con estas ideas en la actualidad?
Es difícil definir de un plumazo cual es la tendencia general del cine cubano contemporáneo, en un periodo que podríamos definir como de crisis permanente a partir de la caída de la Unión Soviética, y que en cuba se ha llamado con cierto riesgo de eufemismo “Periodo Especial”. Hablamos de un cine cubano contemporáneo, que ha tenido una continuidad tanto teórica como temática en los planteamientos de Juan Carlos Tabío, así como intentos de rupturas: Tres veces dos, Suite Habana, por mencionar dos de los más reconocidos filmes.
Guantanamera
Si pudiéramos hablar de una directriz en el cine cubano contemporáneo es el de partir de temas cotidianos, espacios públicos y situaciones ordinarias, para a partir de ellas reflexionar en torno a las problemáticas actuales del entorno cubano. Nos encontramos con un cine en apariencia simple, los personajes son en varios casos estereotipos, y lo que mueve sus películas no es la profundidad sicológica sino el conflicto que tiene tintes de comedia y hasta farsa. Guantanamera, (realizada por Juan Carlos Tabío y Gutiérrez Alea) es lo que pudiera considerarse una road movie, en donde una historia de amor se devela mientras un cadáver es trasladado de la punta oriente de la isla hasta el extremo occidente. Se ha vertido tinta al considerar a este filme como un remake o una auto-cita de otra obra Alea: La muerte de un burócrata, pero más allá de que el leit motiv se mantenga: una sátira del burocratismo, con Guantanamera nos encontramos una tensión fundamental entre un Adolfo (nuestro novus-burócrata) que intenta ganar un lugar dentro de la estructura del sistema, y un mundo orgánico cuya realidad problemática se antepone.
El motivo del viaje, a diferencia de otras películas similares, no es un afán de aventura, (Diarios de Motocicleta, 2004), o escape , sino por una necesidad ineludible, el mencionado entierro, lo cual nos conduce a lo extraordinario sólo como la prolongación de lo cotidiano advertido desde el principio de la cinta donde un somero recorrido por Guantánamo nos muestra una ciudad con cicatrices, ausencias y carencias; esta última representada también en la falta de gasolina necesaria para poder transportar a un cadáver de una provincia a otra. Georgina, esposa de Adolfo, es en sí misma una metáfora cuya posición de recogimiento hacia la vida privada la convierte en muestra de desencanto ante las opciones de ocupación y el reducido mundo laboral de los profesionistas cubanos.
Lista de Espera
--Parece mentira, ¿este es un país socialista o un país capitalista?
Dos días han pasado para un grupo de gente que espera la llegada de una guagua o la salida de la propia de la terminal que permanece en reparación en el film del 2000 Lista de Espera de Juan Carlos Tabío. La situación llega al límite cuando un ciego llega pidiendo que lo coloquen en primer lugar de lista por ser un “caso social”, desatando la ira de toda la lista (autoridad máxima, según la misma encargada de la estación). El argüende enfrenta a todos los desconocidos, hasta que una señora exclama la frase que antecede a este párrafo. ¿Este es un país socialista o un país capitalista? Es mucho más que un grito sordo en una terminal de un pueblo desconocido, es la premisa que motiva a la realización de un cine que busca enfrentar antagonismos para descubrir cuáles son los mecanismos con que se piensa la realidad y la solución de conflictos. Lista de espera utiliza una situación extremadamente común para convertir a una multitud en personajes más profundos que no sólo viajan, sino que se cuestionan el porqué de su destino.
En esta película nos encontramos también con un estilo en el que la barrera entre pantalla y público pretender ser rota por alusiones directas que refieren a la artificialidad de la historia, como quien sabe que es filmado, o intuye que está dentro de una película. Este juego de Matrioshkas apunta a una dimensión más profunda cuando la propia estación deja de ser un lugar de tránsito y se convierte en un espacio para la utopía. Así la vida cotidiana no es más la suma de momentos de lo necesario y se convierte en la subversión de lugares para lo posible. Y aunque resulte una metáfora, una ensoñación, y una ficción, el proyecto se muestra como deseable, como compartido. La superación de las vicisitudes se logra con el trabajo colectivo, el bloqueo económico y la caída del bloque socialista en la Europa del este son dos aspectos de la realidad que se filtran de una estación foránea que deja por un instante de ser lugar de tránsito y se convierte en refugio. Lista de espera es la utopía del sueño de la revolución, que se revela como presente no tanto en su realización material como en su validez imaginaria.
El Cuerno de la abundancia
Mucho se ha hablado de la cuba actual sobre las carencias materiales que acechan al grosso de la población: desde artículos de primera necesidad como un refrigerador, o una lavadora, hasta instrumentos de trabajo y ocio como una computadora. Mientras que la estadística nos arroja esos datos con fríos números, Juan Carlos Tabío habla de este aspecto de la realidad en su más reciente film: El Cuerno de la abundancia. Una supuesta herencia procedente de los tiempos de la colonia española, alerta a todos los Castiñeira de la isla a emprender los trámites para poder cobrarla. Este dinero, se convierte pronto en el catalizador de distintas reacciones, que hacen de la herencia un símbolo distinto para cada quien; para “Miguelón”, por ejemplo representa la oportunidad de casarse con la mujer de sus sueños, mientras para “Martica”, esposa de “Bernardito” la de una casa propia donde podría tener privacidad. Diferentes personajes del pueblo en la lucha por el dinero desentrañan las contradicciones de una sociedad cubana que desde el exterior suele (erróneamente) verse como homogénea.
En El Cuerno de la Abundancia lo cotidiano adquiere varias dimensiones y lecturas. En una encontramos la familia, cuyas problemáticas podrían ser las de cualquier parte del mundo, al menos de América Latina, pero cobran un alcance simbólicamente diferenciado cuando se pondera la fragilidad de la línea entre lo colectivo y lo particular que vulnera con facilidad el espacio de la construcción de la vida íntima. La suegra metiche y dramática encuentra un pretexto en la necesidad del uso de la casa del hijo y reclama una llave de su casa. Ambos padres de “Bernardito” se conjugan como una oposición donde el abuelo es el símbolo de todos los ideales, el respeto por el orden, las leyes, mientras que la abuela mucho más material, reniega de la casa que se le cae encima. Otra dimensión de lo cotidiano se delimita en el espacio del trabajo, y al ser “Bernardito” el protagonista, es su ambiente el mayormente ilustrado: sus oficinas, los comedores y el transporte, aunque nuestro protagonista viaja siempre en bicicleta para poder estar sólo consigo mismo. La Tv, juega por sí misma un papel importante en la configuración de los espacios cotidianos. Con base en ella el abuelo Bernardo toma la decisión de apoyar la búsqueda de la herencia, y es también referente de las películas piratas con las que se sustentan “Bernardito” y “Martica”.
Y la lista podría ser interminable: la referencia a la tienda de divisa, los distinos caracteres de las relaciones con la gente de Miami, la venta clandestina de pasteles, el robo de la señal de cable, la escuela, y un largo etcétera hacia aspectos y espacios cotidianos que no son sólo el marco de una historia sino que reflejan en sí mismos aspectos definitorios en la forma de percibir la realidad. Una herencia, la utopía colectiva que resuelve múltiples vidas, es también la esperanza de un sueño que acaba por perderse en la distancia, ya sea en el futuro o en el pasado. El Cuerno de la abundancia, es una comedia que desentraña tragedias individuales, historia sin moraleja, más que la que nos recuerda que por encima de todo tenemos una necesidad de soñar, de poder configurar un proyecto, de esperar algo. Pero Tabío, no obstante, da un mensaje con esta película, la necesidad de la unidad para luchar por lo que se desea, como sucedió en aquel breve instante en que todos soñaron que eran ricos.






























